domingo, 30 de septiembre de 2012

PAGINA - 10


La yaya Cinta me explicaba que había perdido a su esposo por causa de un ataque al corazón y a su segundo hijo en la guerra que hubo años atrás en toda España, a causa de la cual habían muerto muchísimas personas, a renglón seguido y por mi parte ya entraba en los inacabables “porqués”, con lo cual la conversación entre nieto y abuela se podía alargar el tiempo necesario para que con su actitud pausada, me daba las explicaciones que ella consideraba convenientes hasta consumir el tiempo suficiente y regresar con mis progenitores que por otra parte  ya habían conseguido emanciparse económicamente y tenían un pisito alquilado relativamente cerca.

Durante muchos días y muchas horas, todas las explicaciones recibidas de mi abuela, se iban almacenando en mi interior, creciendo en mi, con el tiempo, una pseudo-idealización-admiración de la figura humana de mi tío MIGUEL.

No encontré la predisposición de mi abuela y en casi ninguno de sus otros cuatro hijos, salvo en la voluntariosa actitud de mi tía Cinteta, la hermana mayor y su esposo mi tío Joaquín,  para extrovertir algún tipo de relato sobre las posibles vivencias de su desaparecido hermano y cuñado.

Más bien solía escuchar comentarios mordaces, de mal gusto  y en ocasiones hasta burlones, aquí están incluidos también los de mi progenitor. 

Llegué a pensar que casi lo tenían olvidado, ahora pasados muchos años y con otra visión del tema, lo corroboro, prácticamente ni pensaban en su memoria, en honor a la pura verdad, Joaquín Baila, mi tío y esposo de mi tía Cinteta es el familiar que citaba en párrafos anteriores, eran los padres de mis primos hermanos María Elena, que por cierto como nació en plena guerra civil en zona republicana, le impusieron primeramente el nombre de Minerva, apadrinada por mi progenitor y Joaquinito, actualmente Ximo, al cual debo agradecer y agradezco desde estas líneas su total predisposición para facilitarme la versión recibida directamente de sus padres, mi tío Joaquín y mi tío Miguel habían sido contemporáneos en el frente de Aragón, mi tío Joaquín era cabo-furriel y tenia encomendado el reparto del rancho, realizando el recorrido por las trincheras auxiliado por un borriquillo que tiraba del carrito, siempre  encontré en mi tío Joaquín cierta sinceridad cuando yo sacaba el asunto para conversar y vuelvo a repetir es el autor según su versión personal de la posibilidad que apuntaba anteriormente en la primera parte, de cómo podrían haberse desarrollado los fatales hechos que acabaron con la vida del tío Miguel. 

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