SEGUNDA y ULTIMA
PARTE
Nos hemos trasladado a finales del mes de diciembre de 1.949,era mi vez para la aparición en escena del gran teatro de la vida, lo hago en casa como era habitual en la época y las circunstancias reinantes.
Los "acontecimientos" se desarrollaron en la vivienda habitual de mi abuela Cinta, donde tenia acogidos alquilándoles una habitación "con derecho a cocina y baño" a mis progenitores según las explicaciones que recibí.
Superadas las
dificultades a consecuencia de mi nacimiento prematuro, el desarrollo del crecimiento fue siempre a
merced de algún achaque con tendencia a dificultar el mismo, sobretodo en mi primer trienio,
como buen Capricornio consigo salir adelante con mi fragilidad física,
pero con una fuerza psíquica y mental a prueba de cualquier tipo de
contrariedad, que gracias a DIOS, me ha acompañado siempre y hasta ahora,
habiendo superado mis seis decenios de aniversarios.
A partir de aquella edad, mi concreción y el enlace de mis recuerdos ya son una realidad, la coherencia de los mismos me permiten tomar conciencia de cuanto acontece y de todo lo que escucho, es cuando empiezo a preguntar entre otros muchos temas que agudizan mi interés, quien es el hombre de la foto enmarcada, con camisa militar con un escudo (flor de lis, emblema de los scouts) y en el cuello un “foulard” anudado con un remate hecho en piel, está en lo alto del mueble del salón-comedor, junto a otra foto también en su propio marco de otra persona mayor con unos bigotes acabados en afilada punta hacia arriba, cuello duro con corbata, su correspondiente alfiler y con chaqueta de “cheviot” y que mi abuela Cinta jamás pierde de vista ninguna de las dos, ella muy paciente, la recuerdo así, me explica que la del hombre de los bigotes era su marido y mi abuelo Miguel y la otra es la del hijo de ambos y tío mío también llamado con el mismo nombre.
Las ansias por “saber” eran insaciables, es una peculiaridad personal que siempre me ha acompañado (bendita peculiaridad), la batería de preguntas estaban a punto de dispararse, la primera fue encaminada para saber donde estaban aquellas personas que yo nunca las veía.
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